La vida del hombre-caracola. XIV

David y Raquel

No sería nadie sin la familia y sin los amigos, de nada sirve el éxito si no lo puedes compartir con los tuyos, yo al menos me sentiría ridículo y fracasado. Voy visitando, uno por uno, a todos mis viejos amigos, ellos me quieren, con o sin caracola. Lo han demostrado con los años, aceptando mis defectos, lo que más mérito tiene, nadie es perfecto. Considero que un amigo es como un puchero, si de él no me gustan las patatas o los garbanzos, los aparto y me como la carne o los pimientos, si no es así, nos veríamos solos. El tiempo sigue pasando para los que creen en él, las agujas de mi reloj siguen de fiesta y de borrachera, les han visto agarradas, cantando, con la torpeza que provoca la embriaguez, la célebre canción, “Asturias patria querida”, no tienen remedio. Soy feliz porque, como nuevo ser, he superado todos los miedos, han dejado de existir, cuando sólo era humano no podía esquivarlos. Había días que despertaba con angustia, pensando que perdería todo lo que más quiero, mis ojos se humedecían, el alma se me encogía, sentía una gran tristeza…Aunque, nada más levantarme de la cama, aceptaba mi mortalidad y el amor borraba los malos momentos. Ahora sólo me dedico a amar, no le temo al final de mi camino, soy libre como el viento.

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