La vida del hombre-caracola. XV

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Como ya sabéis, cuando enmudece el mar y no se escucha ni el sonido que provoca un calamar, me adentro en el silencio, allí hallo todos los enigmas, los colores y las formas de mis obras, no podría vivir sin él, le necesito. A pesar que perdí la voz y la mirada, tengo piel en las manos y sentimientos, con eso y la experiencia de los años, me basta para gozar y dar rienda suelta a la creatividad y a la imaginación. Disfruto, como un niño con globos y caramelos, cuando mis obras alegran el alma de las personas, trabajo para ellas, no existiría ningún transmisor sin un receptor, no tendría sentido trabajar para mí. El arte, entre miles de funciones, es el mejor de los medicamentos, el mundo sufriría muchos más dolores de cabeza sin la música, sin la pintura, sin la poesía…, ni Rajoy sería feliz sin su, “Cine de barrio”. El arte es amor, el único camino que existe para cambiar este enfermo mundo por otro mejor, para que todos comamos por igual, para que no exista, ni la víctima ni el dictador, para se vayan a tomar viento las guerras, el odio y la ambición.