La vida del hombre-caracola. XXI

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En el año 2013 construí el último misil que el hombre verá estallar en la Tierra, de sus entrañas surgen flores, la luz, la esperanza por un mundo mejor…, en él no hay pólvora ni metralla, ni odio ni venganza, básicamente contiene amor. Aún así, es la munición más potente, jamás se ha visto nada igual, está programado para que su onda expansiva alcance al corazón de todas y a cada una de las personas del planeta, empezando por los que apuestan por el terror. Éstos son los que más lo necesitan, viven en una autentica locura, yo no podría soportarlo, andan perdidos entre sombras y ni tan si quiera saben lo que hacen, ayer lo demostraron en Barcelona y en Cambrils. A pesar que no puedo escuchar ni ver nada del exterior, noto un gran vacío en mi interior, son poblaciones a las que les tengo mucho afecto. He de advertiros que, cuando estalle mi invento, lo más probable es que nos haga a todos libres, os recomiendo que no tratéis de esconderos en el momento de la explosión, salid a la calle, con valentía y sin ningún pudor. Que no quede títere sin cabeza, que no falten las familias de las victimas del hambre, las de las guerras, las de los atentados…, es importante que también esté el vecino del quinto, la artista del ático, el profesor de equitación…Pero sobre todo, que no falte al gran espectáculo, el terrorista, el maltratador, el racista, el xenófobo, el dictador…Os recomiendo que estéis preparados para la detonación, en cualquier momento, y a pesar de todo, puede reinar en el alma del hombre moderno el preciado amor.

La vida del hombre-caracola. XX

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El sol y la luna nacen y mueren, las veces que haga falta, para complacer a los ojos de todos los espectadores del planeta con su gran actuación, son actores profesionales, francamente los mejores. Señoras y señores, niños y niñas, ¡pasen y vean!, salgan todos a disfrutar del gran espectáculo, totalmente gratuito, que merece todos los halagos, todos los aplausos…Y en el circo de la vida, cada día ves un nuevo amanecer, jamás se puede admirar la misma puesta de sol, cada momento tiene un matiz diferente, único e irrepetible, es alucinante, solo por eso la vida cobra sentido. Hice bien en arrancar la antena del televisor, no hay mejor espectáculo ni mejores artistas que la luna y el sol, y aunque yo no los pueda ver, los siento con agrado en mi interior. Almoster duerme la siesta, mientras, Frida y Chancho escuchan una dulce canción de cuna que surge de mi guitarra, puedo sentir el ritmo, noto como vibran las notas en mi interior. Mis gatos también pueden oír el sonido de las chicharras de los campos cercanos, su ritmo acelerado, entre la sinfonía de las telenovelas de los vecinos, que como todos, tienen las ventanas abiertas de par en par por la tremenda calor. Yo solo escucho el rumor de las olas y graznidos lejanos de gaviotas, no puedo ni quiero librarme del mar, mi condición de ser cada vez la llevo mejor, todo es cuestión de aceptarse y quererse, no hay nada que no cure el amor.