La vida del hombre-caracola. XXVII

Navarra-

Cuando estoy a solas con mi silencio y logro desprenderme de mi cuerpo, no necesito oxígeno, ni nitrógeno, ni argón…, puedo soportar las temperaturas más altas y las más bajas, puedo vivir, tranquilamente y sin ningún problema, en Marte, en Venus, en Júpiter…, o en el planeta que quiera. Cuando no se oye ni el sonido que emite una cría de cangrejo, puedo volar muy alto, así me resulta fácil alcanzar hasta la estrella más lejana del firmamento. Esta noche he visitado a uno de mis planetas preferidos, no tiene nombre ni quiero ponérselo, está tan lejos que no aparece en ningún mapa. Allí tengo un hogar acogedor, hecho a mi medida, soy un privilegiado, y quién sabe, cuando abandone definitivamente a mi sombra, quizás me mude a ese lugar, allí se vive bien y libre de eternas hipotecas. Lo he de pensar pero no tengo ninguna prisa porque llegue ese momento, la vida en la Tierra merece mucho la pena. Aunque mi verdadera patria siempre he sido mi piel. Mientras, la Tierra sigue girando alrededor del sol, desde lejos parece que reine en ella la paz. Desde mi silencio y a una eternidad de años luz, mi querido planeta azul aparenta que en él no habita el hambre, ni el odio, ni la ambición… Cuando lo miro, me da la sensación que el mar, la tierra y sus habitantes, forman parte de un solo ser, y así lo creo yo. Desde la terraza de mi lejano hogar, no se aprecian las fronteras de los países en todo el globo terráqueo, ni los diferentes colores de piel de la humanidad… Me empapo del amor que desprende la Tierra, desde lejos parece que no exista en ella ningún tipo de problema, ni de dolor, lo eclipsa todo su belleza y su grandeza, su encanto me tiene locamente enamorado, y aunque a veces me aleje de ella, no puedo vivir sin el latir de su corazón.

 

La vida del hombre-caracola. XXVI

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El día que nací, como nuevo ser, planté con Emi un esqueje de ficus en una maceta de nuestra casa-taller, lo riego y lo cuido con cariño, y aunque no lo hago por interés, algún día nos dará sombra y servirá de refugio a cualquier ave de Almoster que lo desee. La naturaleza siempre ha sido generosa, si plantas una semilla en la tierra, se multiplica por cien, y sin pedir nada a cambio se encarga de calmar, entre muchas otras cosas, nuestra hambre y nuestra sed. Me siento muy orgulloso de la Tierra, ella es la madre de cualquier ser que habite en su piel, a todos nos dio la vida, nos vio crecer y nos arropará con su manto el día de nuestro último atardecer. A mi querido planeta azul, algún día el hombre moderno le estará agradecido, en su honor formará una gran hoguera en la playa y allí quemará su miedo, su odio, su ambición y su dinero. Cuando en el corazón del hombre reine el amor, todos cantaremos y danzaremos cogidos de las manos, alrededor del fuego, sin ningún rencor…, al fin y al cabo todos estamos creados con el mismo patrón. Creo que el pensamiento, es lo único que separa y divide a la humanidad, nos enseñan a pensar, y como podemos apreciar, lo hacemos de diferente manera, creo que deberíamos darle más importancia al sentimiento que al pensamiento, eso lo aprendí en el silencio. Yo creo que todos sentimos lo mismo, eso nos une más de lo que podáis imaginar, nos alegramos, nos enamoramos y sufrimos por igual. Entre las cenizas de un budista, las de un cristiano o en las de un musulmán, muy pocas diferencias se encontrarán. El tiempo sigue pasando para todos los que creen él, los demás volamos libres, lejos del tic-tac de los relojes y los calendarios. Sé que siempre he sido, soy y seré el mismo, por lo que habita dentro de mi piel nunca han pasado cuarenta y seis años, ni veinte, ni diez…, ni tan siquiera un mes.

 

La vida del hombre-caracola. XXV

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Allá donde voy me siento querido, cuando recibo amor crecen las flores de las macetas de mi morada, se ponen preciosas, su exquisito olor y sus colores lo invaden todo. Por favor, hombre moderno, te lo pido con el corazón, ¡¡¡sigue amando!!!, para cambiar el mundo no se necesita nada más. Sé que mueren al día más de ocho mil niños por desnutrición severa, sé que existen las guerras, el racismo, la violencia, la ambición…, sé que para algunos, el dinero es su único dios. Sé que la llama del odio es enorme, no cabe duda, pero muchos sabemos que hay agua, ríos, mares y océanos para apagarla. Existen muchas almas buenas, solidarias, respetuosas, pacíficas…, el mundo está lleno de ellas, son las mismas que sueñan por un mundo mejor. Confío plenamente en el hombre, sé que superará su enfermedad, tomará, a rajatabla, toda la medicación y visitará con frecuencia a su doctor, no hay nada que no cure el amor. He salido con Emi a dar una vuelta y a tomar el sol, hemos estado en Reus, ella nació allí, sus padres y muchos de nuestros amigos, viven en esa hermosa ciudad, hacemos vida en ella y aunque no la puedo ver, guardo las imágenes de todos sus rincones en el corazón. Mi agudo olfato capta miles de aromas de la ciudad, huele a Vermut, a avellanas, a Coca de cireres.., puedo oler desde aquí, incluso el Menjar blanc que a preparado con cariño mi suegra. Aunque, como sabéis, desde que soy un nuevo ser, ni bebo ni como nada, no necesito vitaminas, ni proteínas, ni carbohidratos…, tendré que aceptarlo, mi único alimento es el amor, y no me quejo, siempre dejo limpio el plato.

La vida del hombre-caracola. XXIV

Verbo amar

El futuro del indicativo del verbo amar es esperanzador, me encanta, me hace soñar, quedó reflejado en mi última obra, aunque faltó por escribir, “amaréis”, pero no importa, sé que lo haréis. Como sabéis, todo lo que siento en el silencio lo reflejo en mis trabajos, esa es una de mis misiones. El arte es mi principal medio de expresión, el idioma que más domino, el refugio que me protege de las tormentas, el escudo que para todas las flechas… Mis palabras y mis colores me dan libertad, mientras creo, me siento casi tan libre como en el silencio, puedo viajar desde mi taller a Honolulu, a Morón de la Frontera, a Acamar o a cualquier otra estrella del universo. Con la imaginación, en un abrir y cerrar de ojos, puedo ser lo que desee, un hombre con cabeza de elefante y cuerpo de gallina, la piel de un melocotón en almíbar, el sabor amargo de un buen café…Es algo maravilloso, con un lápiz y un papel, logro alcanzar la Luna y el sol, puedo introducirme en el corazón de algún que otro espectador sin tan siquiera conocerlo. He perdido la noción del tiempo, las agujas de mi reloj están de viaje de novias en Punta Cana, son felices y libres sin su Tic Tac, su cruel dictador, me alegro mucho por ellas. En mi taller reina Celia Cruz, noto la vibración que provocan los timbales de su rico Son y su potente voz, entre el sonido que emite el revoloteo de cientos de peces voladores y el de la bocina del barco de algún pescador. Así resulta imposible dejar de mover los pies y las caderas, es complicado dejar de tocar las palmas, la música es mi perdición. La humanidad necesita bailar, cantar, sonreír, reír a carcajadas, abrazar, besar, soñar, perdonarse y pedir perdón…, le urge ser libre, como ya os he dicho alguna vez, esa es su condición. El hombre moderno luchará por sentir el amor en su corazón, está programado para amar, y él es más inteligente de lo que aparenta, a pesar de todos sus defectos, lo logrará, el silencio me lo contó.