La vida del hombre-caracola. XXV

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Allá donde voy me siento querido, cuando recibo amor crecen las flores de las macetas de mi morada, se ponen preciosas, su exquisito olor y sus colores lo invaden todo. Por favor, hombre moderno, te lo pido con el corazón, ¡¡¡sigue amando!!!, para cambiar el mundo no se necesita nada más. Sé que mueren al día más de ocho mil niños por desnutrición severa, sé que existen las guerras, el racismo, la violencia, la ambición…, sé que para algunos, el dinero es su único dios. Sé que la llama del odio es enorme, no cabe duda, pero muchos sabemos que hay agua, ríos, mares y océanos para apagarla. Existen muchas almas buenas, solidarias, respetuosas, pacíficas…, el mundo está lleno de ellas, son las mismas que sueñan por un mundo mejor. Confío plenamente en el hombre, sé que superará su enfermedad, tomará, a rajatabla, toda la medicación y visitará con frecuencia a su doctor, no hay nada que no cure el amor. He salido con Emi a dar una vuelta y a tomar el sol, hemos estado en Reus, ella nació allí, sus padres y muchos de nuestros amigos, viven en esa hermosa ciudad, hacemos vida en ella y aunque no la puedo ver, guardo las imágenes de todos sus rincones en el corazón. Mi agudo olfato capta miles de aromas de la ciudad, huele a Vermut, a avellanas, a Coca de cireres.., puedo oler desde aquí, incluso el Menjar blanc que a preparado con cariño mi suegra. Aunque, como sabéis, desde que soy un nuevo ser, ni bebo ni como nada, no necesito vitaminas, ni proteínas, ni carbohidratos…, tendré que aceptarlo, mi único alimento es el amor, y no me quejo, siempre dejo limpio el plato.

La vida del hombre-caracola. XXIV

Verbo amar

El futuro del indicativo del verbo amar es esperanzador, me encanta, me hace soñar, quedó reflejado en mi última obra, aunque faltó por escribir, “amaréis”, pero no importa, sé que lo haréis. Como sabéis, todo lo que siento en el silencio lo reflejo en mis trabajos, esa es una de mis misiones. El arte es mi principal medio de expresión, el idioma que más domino, el refugio que me protege de las tormentas, el escudo que para todas las flechas… Mis palabras y mis colores me dan libertad, mientras creo, me siento casi tan libre como en el silencio, puedo viajar desde mi taller a Honolulu, a Morón de la Frontera, a Acamar o a cualquier otra estrella del universo. Con la imaginación, en un abrir y cerrar de ojos, puedo ser lo que desee, un hombre con cabeza de elefante y cuerpo de gallina, la piel de un melocotón en almíbar, el sabor amargo de un buen café…Es algo maravilloso, con un lápiz y un papel, logro alcanzar la Luna y el sol, puedo introducirme en el corazón de algún que otro espectador sin tan siquiera conocerlo. He perdido la noción del tiempo, las agujas de mi reloj están de viaje de novias en Punta Cana, son felices y libres sin su Tic Tac, su cruel dictador, me alegro mucho por ellas. En mi taller reina Celia Cruz, noto la vibración que provocan los timbales de su rico Son y su potente voz, entre el sonido que emite el revoloteo de cientos de peces voladores y el de la bocina del barco de algún pescador. Así resulta imposible dejar de mover los pies y las caderas, es complicado dejar de tocar las palmas, la música es mi perdición. La humanidad necesita bailar, cantar, sonreír, reír a carcajadas, abrazar, besar, soñar, perdonarse y pedir perdón…, le urge ser libre, como ya os he dicho alguna vez, esa es su condición. El hombre moderno luchará por sentir el amor en su corazón, está programado para amar, y él es más inteligente de lo que aparenta, a pesar de todos sus defectos, lo logrará, el silencio me lo contó.