La vida del hombre-caracola. XXVIII

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He vuelto al maravilloso y enigmático planeta azul, nunca había permanecido tanto tiempo tan lejos de él, ningún humano podría haber soportado tanto silencio, se hubiera vuelto loco y a mí no me afecta en absoluto, me he acostumbrado a él. Como algunos sabéis, cuando solo escucho mi respiración, me da por viajar a otros mundos, a otras realidades, libre de aduanas y sin ningún tipo de documentación, es todo un lujo. Al caer el sol he aparecido en el mar, como por arte de magia, no me preguntéis cómo ni porqué, yo, al igual que el ser humano, no entiendo nada sobre muchos de los misterios de la vida. Tan solo soy un observador, un admirador de una generosa energía que hace palpitar mi corazón, sin que yo lo pida. He vuelto a introducirme en mi cuerpo, siento de nuevo y con agrado, el viento y la tierra, huelo a salitre y vuelvo a escuchar el sonido del mar en mi interior. El canto de los delfines me recuerda que vuelvo a ser el que era hace unos días. Aunque no me siento del todo bien, me duele mi cabezota de caracola porque la convivencia de mis gentes, del lugar donde habito, ya no es la misma, lo percibo. Espero y deseo, con toda mi alma, que pase pronto el dolor. Los líderes políticos del conflicto, el que ellos mismos han creado, han enfrentado a sus ciudadanos, que desde hace muchas décadas, tienen la sangre y los apellidos mezclados. Es lamentable sentir como lucha el pueblo entre sí, los verdaderos responsables tendrían que pagar por ello, se lo han ganado. Éstos han sembrado la semilla del odio, y el pueblo, que a veces se equivoca, por algo es humano, la ha pagado con su hermano, su amigo o con el vecino de al lado. Todos tendríamos que unirnos en contra de los verdaderos culpables, los mismos que nos roban y acaban con nuestros derechos, los mismos que tienen, como única patria, su cartera. Como sabéis, estoy totalmente en contra de la violencia, por favor, no fomentéis más el odio, uno recibe lo que siembra, sé que es difícil pero tratad de amaros en lo que podáis y pensad que nada es de nadie y que estamos aquí de paso, es mi consejo. Domad la ira, quien la sufra, para hacer eso os aconsejo que disfrutéis de la música, la danza, la pintura, la poesía…, el arte lo cura todo. Queridos amigos, tratad de ser felices y espero que comprendáis que mi única bandera sea de color blanco, que mi única patria es la Tierra, mi familia y mis amigos, sean del color que sean, excepto los que dialogan con la violencia, no entiendo ese idioma y es mejor que no lo entienda. Me podéis llamar iluso pero sigo pensando que algún día reinará en todo el planeta, la paz, el respeto y el amor, esas tres palabras, para mí, son la solución de todos los problemas, la verdadera revolución.