La vida del hombre-caracola. XXXIV

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La familia de Emi, que por supuesto también la considero mía, me ha aceptado con agrado, como nuevo ser. Al principio, mi nuevo aspecto les resultaba extraño, como es lógico pero con el tiempo se han ido acostumbrando al sonido del mar, mi concha, mis cambios de estado…, soy afortunado. Ellos están contentos conmigo porque Emi sigue siendo feliz, todo lo demás no les importa, son tan majos… El trato con ellos, ahora es el mismo que cuando solo era humano, nos seguimos amando y continuamos demostrándolo, compartiendo las alegrías y las penas, los besos y los abrazos, ayudándonos… Sé que la familia no es sinónimo de felicidad, sé que hay muchas de ellas rotas por el odio, el dinero, la envidia, el rencor…pero yo he tenido mucha suerte, tanto por la familia de Emi como por la mía. En las dos, que para mí solo es una, valoramos nuestras virtudes y aceptamos nuestros defectos, nadie es perfecto, todos tenemos caracteres diferentes y cada cual tiene sus más y sus menos. Cometemos fallos y yo el primero, como todos los seres humanos pero tarde o temprano nuestros errores los perdonamos, ese es nuestro secreto. Cuando estoy con los míos, bailan en armonía todos los planetas, desaparecen las tormentas…, hasta el mar más embravecido busca la calma…Al lado de mi gente, las gaviotas vuelan alto, el sol se abre paso entre las nubes y mi horizonte soñado lo siento más cercano. Como ya os he dicho algunas veces, para mí, no hay nada mejor que amar y ser amado.

 

La vida del hombre-caracola. XXXIII

Sin cuerpo-

Me desprendo de mis despojos; mi ropa, mi caracola, mis manos, de todos y cada uno de mis dedos… y vuelo alto, sin ningún miedo. El silencio lo invade todo y me impide oír el cantar de los cetáceos, ahora no puedo escuchar ni la bocina de los petroleros, por mucho que me esmero… De nuevo, tan solo siento mi respiración y el latir incansable de mi corazón, una vez más he logrado liberarme de mi cuerpo. Trato de hacerlo cuando Emi no está, aunque a ella, mis cambios de estado no le han importado nunca, solo quiere que yo sea feliz y he de decir que siempre logra su objetivo. Sin el permiso de nadie, me voy alejando de mi querida humanidad, de todos los países, de sus fronteras y sus banderas, que desde aquí ya no se aprecian. La Tierra se hace pequeña después de haber atravesado la estratosfera, siempre busco un lugar lejano del universo donde meditar, comprended que tenga ese gran privilegio. Sé que resulta extraño pero cada ser es sorprendente, el guepardo, por ejemplo, puede alcanzar ciento catorce kilómetros por hora, un roble puede durar mil años de vida y el cóndor sobrevuela el Cañón del Colca, siempre que quiera… La Vía Láctea desaparece a medida que voy descubriendo nuevos planetas, las estrellas iluminan mi camino, busco un lugar donde pueda sentir la luz más intensa. Y al fin lo he encontrado. Ahora estoy totalmente paralizado y abducido, siento en mi ser tanta belleza… El dinero, el hambre, las guerras, el odio, el racismo…, todos y cada uno de los males del hombre moderno quedan tan lejos…Soy libre de todos mis pensamientos, solo habita en mí, la calma y la paz, me costará abandonar este lugar, se está tan bien… Aunque pronto volveré a casa, no hay mejor lugar para un ser humano o un hombre-caracola, que la Tierra, no perdáis el tiempo con otros planetas. La humanidad se perdonará y empezará de nuevo, no lo puedo ver de otra manera, solo necesita amor, desde aquí se ve tan claro…, yo al menos no puedo apreciar nuestras diferencias. Media horita más y os prometo que vuelvo, ya sabéis que me alimento de abrazos y besos, tengo toda una eternidad para estar a solas con las estrellas.

La vida del hombre-caracola. XXXII

Mundo 1-

Como bien sabéis, no puedo ver más de lo que imagino pero para eso está la creatividad, soy capaz de apreciar la luz más intensa, sin necesidad de tener córneas ni pupilas en la más plena oscuridad. En el archivo ciento treinta y tres de mi memoria, el que está justo al lado del olvido, guardo todos los colores, todas las formas, por suerte siempre fui buen observador. En varias carpetas recopilé toda la información, cuando tenía mofletes, muelas, lengua, cerebro…, en vez de una concha hueca de molusco por cabeza. Aunque muchos sabéis que de eso no me quejo, a todo se acostumbra uno y además, lo llevo con dignidad y orgullo porque me acepto y me quiero. Tengo material suficiente para crear las imágenes de todos los seres que me amaron y me aman, podría hacer un retrato exhaustivo de todos y cada uno de ellos, son imborrables porque tengo una copia guardada con llave en el archivo más seguro de mi corazón. Puedo dibujar, cuando lo desee, todos los atardeceres que viví cuando era niño, las montañas que escalé en mi juventud, todos los días y todas las noches que pasé junto a Emi frente a las estrellas, la luna o el sol… En mi mundo, puedo prescindir del mal de la humanidad, de las aterrorizantes guerras, del hambre que mata sin piedad a tantas vidas, de todos los dictadores y sus miserias… En mis paisajes, tengo licencia para crear todo el maldito y ruin dinero que quiera, puedo hacer con él una gran hoguera y quemarlo todo a la orilla del mar. Puedo verlo, alrededor del fuego, sin odio ni rencor, ama, ríe, canta y danza la humanidad, libre de todo miedo. Mientras sueño, escucho un viento enfurecido, las olas del mar estampan con furia contra las rocas, se avecina una gran tormenta, el graznido de cientos de gaviotas y charranes patinegros no auguran nada bueno. Aunque, como sabéis, perdí todos los miedos y no pienso cambiar el rumbo de mi vida por ninguna tempestad, seguiré en la búsqueda de un planeta donde reine el amor, la paz y el respeto.