La vida del hombre-caracola. XLII

 

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Ha llovido mucho desde que perdí mis ojos, mi nariz y mis orejas…, desapareció mi boca y con ella, el tocino, la butifarra y las lentejas… Cuando me transformé, dejé de sentirme un enfermo bipolar tipo A, con un cincuenta y nueve por ciento de discapacidad. Me olvidé por completo del segundo pabellón del Hospital Psiquiátrico de Barcelona y de todas las consultas privadas…, ya no recuerdo los componentes del Plenur, de la Lamotrigina, del Ziprexa… Dejé de montarme en la montaña rusa que me elevaba a la luz más intensa y me descendía a la oscuridad más profunda. Olvidé mi desbordante euforia y mis ganas inmensas de llorar, sufrí la más cruel de las tristezas, llegué a perder la esperanza por vivir. Ya no recuerdo la lucidez de la locura, ni las señales de otros mundos, dejé de sentir miedo a los cambios de estación…Y aquí me veis, soy libre de los fantasmas de mi pasado, victorioso y orgulloso de ser lo que soy y lo que era. Los obstáculos en mi vida son retos para mí y hay tantas soluciones como problemas. Aunque no les quito el mérito a mis doctores, todos ellos me ayudaron, siempre lo he tenido en cuenta. Y qué decir del cariño y la atención de mis seres queridos…, ellos siempre han sido la mejor de las medicinas, el amor hace superar cualquier barrera. La vida continúa y sigo plasmando en mis trabajos todo lo que aprendo en mi silencio, mi sueño por un mundo más justo sigue más vivo que nunca, tengo el taller lleno de esperanzas. Soy feliz en mi camino, no quiero saber de donde vengo y me importa un comino mi destino…, solo quiero caminar, amar y sentirme vivo. El sol se desvanece y al mismo tiempo, se encienden las luces de las farolas, se hizo la noche. Aunque eso no puedo percibirlo, como sabéis, solamente veo lo que la imaginación me ofrece. Ahora, solo escucho el estampido de las olas contra las rocas y el revoloteo y los graznidos de los cormoranes y las pardelas. Habito en el mismo mar donde sufrí mis tormentas pero ahora solo se percibe la paz y la belleza, es lo que ocurre cuando acaba cualquier guerra.

 

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2 Replies to “La vida del hombre-caracola. XLII”

  1. ¡¡¡Muchas gracias, primo!!!. La enfermedad me dio muchas lecciones, me hizo valorar la vida y llenó hasta los topes, el baúl de mi creatividad. De no ser por mis tormentas, no sería lo que soy. Es un placer saber que te tengo bien cerca. Abrazos y besos desde Almoster.

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