La vida del hombre-caracola. XLIII

Arbolí

Como bien sabéis, nada ni nadie me pertenece, ni mi concha, ni mis huesos, ni mis calcetines de payaso…, no pretendo adueñarme de nada porque estoy en este mundo de paso. Soy yo quien pertenezco a la naturaleza, ni los árboles, ni el barro, ni una sola brizna de hierba son de mi propiedad. Por mucho que se empeñe el ser humano, nada de lo que contiene el universo tiene amo. Me encanta pasear por la montaña, aunque a veces como hoy, pierdo la orientación y salgo de mi ruta pero no me importa en absoluto, es señal que sigo caminando. Y además, por mucho que desaparezca de la faz de la Tierra, Emi, siempre acaba encontrándome, no sé cómo logra averiguarlo…Mientras, las agujas de mi reloj están aprendiendo a tocar el piano, no lo hacen nada mal, una se encarga de los agudos y la otra de los bajos. Como ya os conté, desde que soy un nuevo género perdí la noción del tiempo, no sé en qué mes estamos, si es otoño o invierno…, para mí ya no es relevante. Aunque siento el calor del sol de agosto en mi ser y el frío de Enero que cala en mi piel y mis huesos. El mar está en calma, escucho el vuelo raso de los alcatraces y la dulce armonía que provoca la espuma de las olas cuando desvanece en la arena. Solo perturba la paz, el sonido impertinente de las bocinas de los barcos petroleros, hacen que pierda por momentos mi sosiego. Sigo mi sendero después de unos minutos de descanso. No sé dónde podré estar…, comencé la excursión en Arbolí y mi intención era llegar a Ulldemolins pero quizás vaya en dirección contraria, no lo sé… Pero no me importa saber donde acabaré, en mi camino soy feliz y cualquier lugar es mi hogar. El sol me acompaña donde voy, el aire es puro y mi potente olfato se da el festín con miles de deliciosos aromas del campo, romero, tomillo, hinojo, jazmín…, es un gustazo. Aquí no llega el olor de las refinerías ni el de las químicas, y la verdad, prefiero eternamente oler estiércol que a miserable veneno. Espero que nuestros líderes hagan algo, antes que sea irrespirable lo que nos queda de cielo.

 

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