Locura de juventud

Locura de juventud. -

Diego Latorre. 2018. Tizas de pastel y Pierre Noire sobre papel. 40×40.

La vida del Hombre- caracola. XLVI

XLVI-

Cuando era más joven vivía entre dos realidades. En una de ellas, durante mi enfermedad, sentía en mí un inmenso bienestar, como una cálida e intensa luz que me llenaba de júbilo. La belleza se apoderaba de mí, de las calles, de cualquier rincón donde me hallase…Mi capacidad de asombro era la de un bebé, todo era nuevo para mí, mis manos, mi piel, el vuelo de una mosca…, era una gozada, estoy seguro que muchos pagarían un dineral por vivir aquella experiencia. En aquella época me olvidé por completo de mí, de mis pensamientos, de mi identidad, de mis responsabilidades…, era yo en estado puro, como un recién nacido. No podía dejar de tocar la guitarra, de cantar, de bailar, de gritarle al mundo con todas mis fuerzas, que estaba más vivo que nunca, bien lo saben mi familia, mis amigos y mis vecinos. Percibía entre mis huesos que yo era parte de todo, de las montañas, los ríos, los animales, las gentes…, todo formaba una sola pieza, comprendí que yo también era el universo. La paz era la protagonista de la película y en mí, reinaba la armonía de un mundo sin maldad, así lo veían mis ojos, solo apreciaba lo bueno de la vida. Por entonces, una euforia desbordante circulaba por mis venas y mi corazón acogía del mundo un amor tan descomunal y poderoso como desconocido, yo amaba en la misma proporción a la vida. Con la imaginación podía huir con facilidad de cualquiera que me impedía sentir de aquella manera, de cualquier centro psiquiátrico, incluso del Haroperidol, era tan libre…. De la otra realidad poco os voy a comentar porque es la que todos conocéis. Volver al mundo de las normas después de aquella libertad, era en parte la causa de mis crueles depresiones, era un cambio muy brusco, lejos de las leyes del hombre se está tan bien… Ahora veo como vosotros, que reinan las guerras, la insolidaridad, el odio, las fronteras, la desigualdad… Pero pienso que podemos variar el rumbo de la humanidad, algo me dice que cambiar la realidad depende de nosotros y es tan fácil como coser y cantar, de nuestros líderes poco podemos esperar. Las agujas de mi reloj tocan la zambomba en la estación de Sants, desde allí os desean una feliz Navidad.

HC.25

HC.25-

Pintado a ciegas

HC. 2018. Tizas de pastel y Pierre Noire sobre papel. 50×50.

 

La vida del hombre-caracola. XLV

HC VENEZIA.-

Mi vida en la Tierra es agua indomable de rio, que se dirige sin hospedarse en ningún lugar y sin pausa, hacia su destino, también son las nubes que aparecen y desaparecen, como el llanto de los niños, sería un grave error desperdiciarla. Mi existencia como ser vivo, se escapa mientras elijo en el supermercado mi marca preferida de gel con PH neutro, o cuando pregunto al dependiente el precio de los pomelos… Parte de mí  se pierde en las guerras, durante el tiempo que duran los gritos de auxilio… Lo que ahora soy, se fuga mientras elijo los colores de mis tizas de pastel o se marcha con las palabras que, con mucho agrado, en este momento os dedico. No me atemoriza la idea de abandonar mi piel y mis huesos, estoy más que acostumbrado, no sé cuantas veces lo habré hecho… El amor que siento no deja espacio para ningún miedo, lo eclipsa todo. Mi destino no me asusta, además, para entender la novela que protagonizo, en el más grande de los escenarios, conocer el final es fundamental y necesario, a pesar de amar con locura lo que toco, veo y respiro a diario. Ya sea en Almoster, en Perú o en Italia, sin miedo me siento libre, puedo jugar, cantar, bailar y crear como un niño, no me importa lo que digan o piensen de mí.  Eso lo aprendí en mi infancia, los más pequeños son un ejemplo a seguir, podrían cambiar el mundo si pudieran gobernar. El revoloteo de las gaviotas y el sonido que provocan las góndolas al cruzar el Gran Canal me dicen que estoy en Venecia. Como sabéis, Emi, la eterna viajera, se encarga de guiarme de maravilla por donde quiera que voy, sin ella, apenas saldría de casa, requiero de su ayuda como ella de la mía. No he nacido para vivir en soledad, necesito el calor de la gente, ser amado y amar a los demás, eso debería ser un producto de primera necesidad, es lo que más precisa la humanidad. Y ahora, sin el permiso de nadie, ocuparemos las plazas y las calles sin perder ni un solo instante, ni una sola coma de nuestras vidas, para llegar al punto y final queda toda la eternidad.