HC.37

HC.37-

Pintado a ciegas

HC. 2019. Tizas de pastel y Pierre Noire sobre papel. 24×24.

La vida del Hombre-Caracola. LVII

Espejo-

El sonido del mar sigue conmigo, soy consciente que parte de mí pertenece a la familia de los moluscos, doy gracias a la vida por ese privilegio y por todo lo que conlleva eso. Hoy las aguas están en calma, hace un día de cine, se escuchan las risas y el canto alegre de los pescadores que se dirigen, con energía y alegría, a alta mar, el sol y una bandada de gaviotas reidoras les escoltan. La paz reina en mí, la suave y cálida brisa acaricia mi rostro, soy afortunado, me siento tan dichoso… Bien sé que hay bocas que mueren de hambre y sed, y que a las aves carroñeras de las guerras, se les deja comer todo lo que deseen… Pero solo el amor de la humanidad puede solucionar esas miserias, por eso y para contrarrestar tanto mal, trato siempre de amar. Como ya os lo he dicho alguna vez, es la mejor manera de luchar, el amor es la auténtica revolución, la que merece la pena. Yo al menos, no puedo ni sé ayudar de otra manera.
Como os podéis imaginar, no sé que aspecto tiene mi cara, aunque solo me importa la belleza del ser que llevo dentro de mi piel y mis huesos. Mi aspecto exterior para mí es lo de menos, nunca quise ser Richard Gere, siempre me acepté, porque para ser feliz, uno no tiene más narices que hacerlo. Y además, mi espejo siempre fue un miserable embustero. Cuando yo era niño, él me decía que yo tenía la piel suave y un precioso flequillo rubio, y a los cuarenta y seis años, a la última edad que lo miré, me contaba todo lo contrario, que era medio calvo y tenía arrugas hasta en el cuello, a ver si se pone de acuerdo… La verdad es que no hay quien lo crea, estoy convencido que lo que aparece en el cristal es puro cuento, lo que realmente soy no sale reflejado en ningún momento.
Cuando me alejo de la Tierra y abandono mi cuerpo, no tengo edad, ni forma, ni peso, ni sexo…, mientras vuelo soy tan libre que sienten envidia de mí lo tornados, los relámpagos y los truenos. Perdonad mi ausencia amigos, volveré en unos momentos.

La vida del Hombre-Caracola. LVI

Reus-

No sé exactamente en qué lugar de las afueras de Reus estoy, espero a Emi, ha ido a una peluquería del centro con su madre, luego tomará un café con las amigas…, todos necesitamos nuestro tiempo, antes que familia o pareja somos individuos. Siempre que puedo, cuando voy a cualquier ciudad, busco un paraje donde pueda pisar tierra, donde haya un mínimo de naturaleza… Da pena pero a veces he de conformarme con las palmeras de las rotondas, las briznas de hierba de los alrededores de los polígonos, o con las escasas flores supervivientes y luchadoras de las aceras…, quién pudiera llorar tanta tristeza…. Mientras a la compañera de mi alma le retocan el flequillo, sigo vivo, y eso, es un gran privilegio que no puedo desaprovechar amigos. Trato de gozar cada instante, cada momento…, bien sé que mi vida y este atardecer son irrepetibles, eso no lo puedo ignorar. Mi tiempo sigue inmóvil, las agujas de mi reloj permanecen libres de su tic tac, en estos momentos, aunque no es carnaval, bailan como posesas la samba en Río de Janeiro, como bien sabéis, nadie les puede arrebatar su felicidad y su libertad. Escucho los grandes estallidos que provocan las enormes olas contra las rocas, el mar hoy parece que no está de buen humor. Pero me encanta de cualquier manera, cuando reina la más terrorífica de las tormentas del frio invierno, o cuando impera en él, la calma y el sol…, acepto todo lo que nos ofrece la madre Tierra, con gratitud. He andado demasiado y me he desorientado por completo pero estad tranquilos, confío en Emi. Por lo visto ha desarrollado el sentido del oído, al menos, puede escuchar mi bocina a algo más de kilómetro y medio de distancia. Eso me da margen de movilidad, aunque dependo de ella, más que nada para no acabar en Manresa o en Santa Coloma de Queralt… Se ha hecho tarde, mi compañera ha cumplido con sus quehaceres y yo con los míos, nos dirigimos a Almoster. Llegamos a casa, Frida y Chancho nos esperan en el recibidor, jugamos un rato con nuestros entrañables amigos…Subo a la terraza, y mientras Emi prepara su cena, a mí me da por tocar el acordeón, con torpeza pero con mucho amor.