La vida del Hombre-Caracola. LVI

Reus-

No sé exactamente en qué lugar de las afueras de Reus estoy, espero a Emi, ha ido a una peluquería del centro con su madre, luego tomará un café con las amigas…, todos necesitamos nuestro tiempo, antes que familia o pareja somos individuos. Siempre que puedo, cuando voy a cualquier ciudad, busco un paraje donde pueda pisar tierra, donde haya un mínimo de naturaleza… Da pena pero a veces he de conformarme con las palmeras de las rotondas, las briznas de hierba de los alrededores de los polígonos, o con las escasas flores supervivientes y luchadoras de las aceras…, quién pudiera llorar tanta tristeza…. Mientras a la compañera de mi alma le retocan el flequillo, sigo vivo, y eso, es un gran privilegio que no puedo desaprovechar amigos. Trato de gozar cada instante, cada momento…, bien sé que mi vida y este atardecer son irrepetibles, eso no lo puedo ignorar. Mi tiempo sigue inmóvil, las agujas de mi reloj permanecen libres de su tic tac, en estos momentos, aunque no es carnaval, bailan como posesas la samba en Río de Janeiro, como bien sabéis, nadie les puede arrebatar su felicidad y su libertad. Escucho los grandes estallidos que provocan las enormes olas contra las rocas, el mar hoy parece que no está de buen humor. Pero me encanta de cualquier manera, cuando reina la más terrorífica de las tormentas del frio invierno, o cuando impera en él, la calma y el sol…, acepto todo lo que nos ofrece la madre Tierra, con gratitud. He andado demasiado y me he desorientado por completo pero estad tranquilos, confío en Emi. Por lo visto ha desarrollado el sentido del oído, al menos, puede escuchar mi bocina a algo más de kilómetro y medio de distancia. Eso me da margen de movilidad, aunque dependo de ella, más que nada para no acabar en Manresa o en Santa Coloma de Queralt… Se ha hecho tarde, mi compañera ha cumplido con sus quehaceres y yo con los míos, nos dirigimos a Almoster. Llegamos a casa, Frida y Chancho nos esperan en el recibidor, jugamos un rato con nuestros entrañables amigos…Subo a la terraza, y mientras Emi prepara su cena, a mí me da por tocar el acordeón, con torpeza pero con mucho amor.

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