La vida del Hombre-caracola. LIX

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Comprendo a las personas que nacen, apareciendo de la nada, y al morir, desaparecen como paloma de chistera, y sin ninguna duda, no creen en la magia. Aunque para mí la vida sea una gran ilusionista, la mía poco tiene de racional, algunos conocen bien mi historial. Puedo entender a los que por la noche se desconectan de sí mismos, olvidando el DNI, las facturas del banco, su familia y a la vecina…, viviendo y sintiendo ser los protagonistas en otra película…, y no creen en la magia. Aunque me es difícil asimilar, a los que en su mundo onírico, pierden todos los dientes por momentos o pueden volar a Madagascar, sin moverse de la cama…, y no creen en la magia. Trato de ponerme en la piel de los enamorados que se miran a los ojos, y ven en ellos la poesía y el cielo, y aun así, no creen en la magia, aunque sus vidas dependan de la luna y todos los astros del insólito universo.

De nuevo, como por arte de magia me olvido de mí, y automáticamente mi cuerpo yace sin vida sobre la hierba, ni la música de mi acordeón ni la de mi guitarra podría resucitarme. Mi velocidad es abismal, mi amado planeta es un guisante, Venus engrandece, al igual que Marte… Busco un lugar apartado, donde no habiten ni siquiera las estrellas, necesito mi silencio, mi propio espacio, el lugar que me pertenece. Mientras, un niño muere en la Tierra intentando jugar con una metralleta, en muchos países están prohibidas las de juguete pero no las que matan o hieren. Al mismo tiempo, dictadores, mandamases y reyes se frotan las manos, lucrándose con las muertes, ignorando que algún día serán sus propios jueces. Y en el mismo momento, una mujer muere brutalmente asesinada por su exmarido, y un pez globo, enredado en una red de plástico para envolver patatas, también muere…

Me dirijo a casa a la velocidad del diablo, no puedo huir de mis problemas, mi madre sigue siendo mi planeta. La humanidad necesita mi amor con urgencia, tanto como yo el de ella. Me introduzco en mi cuerpo, enciendo un pequeño fuego y seguidamente, comienzo a danzar en círculo alrededor del humo, porque a pesar de las injusticias, celebro mi vida en la Tierra.

 

HC.38

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Pintado a ciegas

HC. Tizas de pastel y Pierre Noire sobre papel. 35×35.

“La vida del Hombre-Caracola. LVIII”

Como ya os he comentado en alguna ocasión, yo soy el responsable de mi felicidad y mi tristeza, de mi odio y mi amor…, mis sentimientos y mi vida dependen de mí, me hago cargo. Me sería más fácil culpar a la vida o a los demás de mis fracasos, lo he probado y consuela por momentos pero de esa manera siento que me engaño. Triunfar o fracasar también dependen de mí, no de Sandokan, ni de mi enemigo, ni del cuñado de la vecina del cuarto…, aceptarlo es dar un gran paso. No sé si vosotros estáis diseñados de otra manera pero a mí, así me fabricaron.
La vida continúa, mi piel, mis órganos y mis huesos cumplen, sin prisa pero sin pausa, con la noble función del envejecimiento. Voy muriendo poco a poco, aunque no me importa porque amo y vivo el presente, de verdad os digo que lo demás me trae sin cuidado. Y además, no sé qué haría yo si pudiéramos vivir más de ciento cincuenta años…, ni yo ni nadie podría soportarme durante tanto. Yo quiero disfrutar de mi vida, claro está pero también deseo morir algún día, ¿quién soy yo para evitarlo?. Morir sin miedo y con dignidad es mi trabajo, desde que nací me estoy preparando. Cuando llegue el momento de mi despedida solo podré estar agradecido por el gran privilegio que he tenido, la vida no está al alcance de todos, debe tener una gran potra a quien le toca, como si del Gordo de la Lotería se tratase, cada día deberíamos celebrarlo.
Y ahora, sin el permiso del Rey, de nuevo me desprenderé de mi cuerpo, de mis sentidos, de toda mi información, de mis pensamientos…Olvido uno a uno todos los capítulos de Barrio Sésamo, el nombre del perro de La Casa de la pradera y mis apellidos… Me desprendo de todos los besos que no di, los que me dieron los llevaré siempre conmigo a cualquier parte del universo. Huyen de mí todas las fronteras, estoy preparado, se acerca el momento. Desaparece de mí mi razón y mi respiración, y al mismo tiempo deja de latir mi corazón. Ahora vuelo alto y libre, como el Cóndor, aunque no os preocupéis, volveré pronto, mi momento no ha llegado, seguiremos en conexión.