La vida de Hombre-Caracola. LXVII

(La obra de la imagen forma parte de un proyecto de Rufino Mesa, amigo y Maestro del Arte y de la vida).

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He salido del cascarón, no he sentido nada especial que me dijera que estuviera preparado para una nueva vida, el maestro chamán no ha aparecido desde que marchó. El frío caló en mis huesos y se me durmió la pierna izquierda, tenía muchas ganas de volver a casa y no pude esperar más. De todas maneras, no sé si uno puede convertirse en chamán de la noche a la mañana. Aunque poco sé sobre chamanismo, estoy en ello, pero comprendo y respeto todas las maneras de vivir, mientras se guarde respeto a los demás. Y además, a aquel hombre le hice muy feliz y yo nada perdí. Creo que el mundo necesita más chamanes que aman a la Tierra y miran por su tribu, que dictadores asesinos que nos dirigen al abismo. Amo a la Tierra, bien sé que es nuestra madre y me gustaría cambiar la realidad de este mundo de locura, ambición y destrucción, pero eso no me convierte en chamán, muchos tienen el mismo deseo que yo. He sentido momentos mágicos dentro de aquella escultura, no os digo que no pero también los siento cuando la brisa del mar acaricia mi concha, o cuando Mujer-Caracola me abraza, me mira o me besa. Creo que sigo siendo el que era, no os puedo mentir, tampoco quiero ser otro, me ha costado mucho llegar hasta aquí. Hace tiempo que me acepté, con mis fallos y mis aciertos, con mi luz y mi oscuridad, con mi bien y mi mal… Aunque recordaré siempre con cariño la experiencia y guardaré siempre a aquel anciano y su legado en mi corazón.
No me preguntéis cómo pero mi suerte y mis pasos me han llevado a mi hogar. Emi no está en casa, seguro que anda buscándome. Subo las escaleras, juego un rato con Chancho y Frida y me dirijo al taller. Para mí el arte también es magia, con un lápiz y papel pude cambiar mi mundo, de momento ese es mi auténtico poder que cultivé desde mi niñez.
Pongo una lámina en blanco sobre mi mesa de dibujo, me armo de pasteles, lápices…, y trato de dibujar con los recuerdos y la imaginación lo que me pasó. Y al poco tiempo, caigo rendido en el suelo del cansancio y del sueño.