La vida de Hombre-Caracola. LXXI

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El reloj de la cocina marca las cuatro de la mañana, aunque como sabéis, a las agujas del mío el tiempo les importa un torrezno, viven el presente disfrutando cada momento.

Por el día sabéis que me alimento de amistad pero cuando reina Adolf, tengo un apetito atroz. Adolf, es el nombre que me he puesto cuando reina la luna y siento venganza, odio o rencor… He abierto la nevera, he arrasado con toda la comida que había en su interior, me he zampado incluso el apio, la lechuga y la coliflor.

Ya sabéis que paso la noche odiando, probando mis poderes, invocando… El caso es que de tanto investigar surgió la magia, apareció ante mí el espíritu de un dictador. Me llamó la atención que su alma fuera la de un niño. Me contó entre lágrimas que murió cara a la oscuridad, como todos los dictadores, que lleva demasiados años angustiado y deambulando por la Tierra, y mientras le recuerden, no podrá alcanzar su lugar. Me dijo que entre los que le odian y los que le adoran, le impiden continuar su camino, me rogó que os suplicara que nadie siga sus pasos y que le olvidemos para siempre. Se disculpó, con enorme tristeza, por todas sus barbaridades y asesinatos. Me contó que nació bueno, como todos los niños, pero tuvo una nefasta educación, su padre fue maltratador. Eso ayudó a convertirlo en dictador, nadie lo pudo evitar, dijo que ese fue su destino. Comentó que el fascismo es una lacra que debe desaparecer de la faz de la Tierra. Me pidió que olvidemos el pasado, que lo único que necesita el humano es amar y tener amigos. Luego desapareció.

Creé un fuego en mi maceta con tomillo, y estuve una hora danzando alrededor, perdí la consciencia… Pedí a los espíritus de los cuatro vientos, que aquel niño marchara muy lejos de la humanidad, lejos de los recuerdos de los demás. Ahora, quien adore o odie a ese niño, de nada le servirá, será como adorar o odiar a un pimiento frito, o a una butifarra del Empordà.

Ayudé a ese espíritu, porque a los niños los respeto de día y de noche, esa es mi condición. Mi familia no mereció una dictadura pero ningún niño merece ser dictador.

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