La vida de Hombre-Caracola. LXXIII.

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No es nada fácil convivir con Adolf, como he dicho en alguna ocasión, el odio duele mucho os lo puedo asegurar y de la ira, el rencor y la venganza prefiero no hablar. Yo lo llevo mejor que otros porque esos malestares, de momento, solo habitan en mis sueños. Hay personas que por la noche son angelitos pero por el día tienen que convivir con su bestia, algunas le dan permiso para que haga lo que quiera en las calles, en sus casas, en el parlamento o en el bar… El Adolf de algunos seres crean las guerras y conflictos porque no lo saben gestionar ni dominar, sufriendo ellos y complicándoles la vida a los demás.
Por las noches no conozco el perdón ni la compasión…, se cumplen mis deseos y tengo el poder supremo, siento que estoy por encima de los demás, mi único objetivo es la derrota de mis enemigos. Eso, tristemente, conlleva a perder a la familia o los amigos. Adolf vive en la más profunda soledad, de momento nadie aparece en mi mundo onírico, ni tan siquiera Emi, Chancho o Frida, a no ser que invoque a los espíritus, esa es mi triste realidad.
Mi odio es mi peor enemigo, os lo puedo confirmar, y que yo sepa, solo se combate con amor. Cuando amo a la vida aparece la luz más intensa que ciega cualquier oscuridad, desaparece de mi todo mal…, y nunca me siento solo, aunque Mujer-Caracola esté de viaje en Gibraltar.
Ojalá fuéramos bebés, a los que todavía no les han enseñado a odiar, pero hemos crecido y aprendimos demasiado en el colegio, la televisión, las calles o en nuestro propio hogar…, ni los monjes tibetanos se pudieron librar. No os sintáis culpables por vuestro Adolf, aceptadlo y dominadlo cuanto antes, todos éramos inocentes niños, la culpa en gran parte la tiene el sistema establecido. Nos dicen desde bien pequeños que no somos iguales, que Jaimito es superior a Manolito porque es más rico, o que Nasha es inferior a Josefita, que tiene la piel más blanquita… Nos tratan de convencer que Carla es menos que Javier por el hecho de ser mujer…

  No lo deberíamos olvidar, el amor es el antídoto y el odio es el veneno de la humanidad.