HC.47

Como muchos sabéis, desde hace años dibujo llantos de niños del genocidio sirio. Ellos llevan nueve años confinados en una guerra, por no decir siglos. La guerra y la insolidaridad son los peores virus que sufre la humanidad.

HC.

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Pintado a ciegas

HC. 2020. Tizas de pastel y Pierre Noire sobre papel. 23×23.

La vida de Hombre-Caracola. LXXVII

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Hola mi querida humanidad. Pronto podréis salir de vuestras casas, no lo dudéis, sed creativos y tened paciencia, todo llega. Como he dicho alguna vez, siento tristeza por los que han quedado en el camino y entrego mi corazón, a los que se juegan la vida por los demás. Pero no entiendo a los que egoístamente, lejos de la solidaridad y del respeto por los demás, han pasado por completo de la ley, aunque posiblemente la vida pondrá a todos en su lugar.

Como os dije, mi parte animal me libra de toda pandemia, no pongo en riesgo la vida de ningún ciudadano. Paso la mayoría de mi tiempo en casa, con Mujer-Caracola y mis gatos pero tengo la obligación, como chamán, de ir a la naturaleza de vez en cuando, he de escuchar la voz de nuestro planeta. Y para eso, he de estar cerca de los árboles, de los cuervos…, lejos de las leyes de los hombres, entre saltamontes y escarabajos, en contacto con la tierra…

Nuestro planeta me habla sin palabras, sin conjunciones ni verbos…, aunque perfectamente le entiendo. Me dice que estamos solos en el universo, que de nada sirve pedir a los dioses compasión ni misericordia, siempre buscamos culpables y responsables, la Tierra me asegura que ellos no tienen nada que ver con esto. Nuestra madre me explica que la mejor manera de luchar contra el virus es con amor, solidaridad, generosidad, altruismo…, y sobre todo, respetando el confinamiento. Ella me pide que os diga, que de nada vale poner una vela a la Virgen si nos saltamos la ley de estado de alarma, que por la seguridad de todos se ha impuesto. Como os he dicho en alguna ocasión, solo la humanidad es responsable de la humanidad, ya me gustaría a mí que alguien nos ayudara desde el cielo… Queridas y queridos amigos, los verdaderos ángeles son entre otros, los que se juegan la piel en los hospitales, son doctoras y doctores, enfermeras y enfermeros…

La Tierra tiene ganas de veros libres, aunque teme que volvamos a la normalidad, a volver a tirar la botella de plástico al mar, a arrojar sin piedad la colilla al suelo… Teme al aire acondicionado de agosto y a la calefacción de gasoil de enero… Jugamos a ser dioses y quisimos convertir los inviernos en verano y los veranos en inviernos…, y el confort, querida humanidad, tiene un alto precio.

La Tierra espera con ganas la revolución de la humanidad, pide cambio, necesita y nos ruega que comencemos un mundo nuevo. No hace falta ser chamán para ver que el camino que llevamos, no nos lleva a buen puerto.

 

Pronto el sol se irá a hacer puñetas, perdonad la expresión, todavía soy aprendiz de poeta, aunque no tengo ninguna prisa en marchar, se está tan bien en la naturaleza… Y además, como bien sabéis vivo lejos de la tiranía del tiempo, las agujas de mi reloj beben cerveza y bailan la polca en la República Checa, aunque esta vez lo celebran con las vuestras. Disfrutad, porque esa libertad no tiene precio, el tiempo es el mayor de los tesoros, os lo digo con toda certeza.

La vida de Hombre-Caracola. LXXVI.

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Hola mi queridísima humanidad. Como muchas y muchos sabéis he regresado a la Tierra, la madre que me dio la vida y me ayudó a crecer, la misma que me ofreció sus frutos cuando sentía hambre y agua para calmar mi sed. De nuevo estoy en el lugar donde las flores regalan su belleza sin pedir nada a cambio. Incluso las que brotan en las autopistas entre las grietas del asfalto, o las de las aceras que sobreviven a los sulfatos…, eso es un ejemplo de lucha digno de ver.

Sé que, en cuanto a respeto por la naturaleza, habéis hecho bien vuestro deber, os agradezco de corazón vuestro enorme esfuerzo. Aunque queda muchísimo que hacer, deseo una Tierra bien guapa, con una amplia sonrisa, limpia, de aguas cristalinas…, donde imperen los árboles y las flores, donde la hierba brote por doquier…

Sé que la humanidad está pasando un mal momento, he vuelto por ese motivo, y porque Mujer-Caracola pidió ayuda a los espíritus, aunque en un principio no era mi intención volver.

Soy feliz porque vivo de nuevo con mi seres más queridos y por volver a formar parte de la humanidad, aunque como algunos sabéis, mi alma es libre, vive muy lejos de la leyes de los hombres. Las mismas que permiten que unos naden en la abundancia mientras otros duermen, con el estómago vació, en la calle. Las mismas leyes que no amparan a la mujer del machismo, el maltrato y la misoginia…, en un sistema patriarcal, capitalista, donde entre todos los jueces pocas mujeres se ven. Y que decir de la Santa madre Iglesia, con la mujer es sabido que nunca se portó nada bien, no hay monja superior a ningún fraile y nunca permitirán que ningún Papa se llame Josefa, Judit o Maribel… Deben tenerles miedo, saben que las mujeres son seres inteligentes y extraordinarios, de gran poder… Desde aquí os animo a todas y a todos los hombres que crean en un mundo justo, a luchar entre todos por los derechos de nuestras madres, hijas, hermanas y amigas…, sería algo digno de ver. Las almas no tienen sexo queridas amigas y amigos, estoy seguro que algún día no apreciaréis la diferencia entre Manolito e Isabel…

Respecto a la pandemia que ahora sufre la humanidad, me duele en el alma las perdidas de vuestros seres queridos, y tienen mi admiración los que trabajan y luchan por el bienestar de todos jugándose la piel. Siento deciros que no puedo hacer nada por acabar con el dichoso virus. Personalmente soy inmune a él, soy mitad hombre pero mitad animal, eso me libra del peligro, y no soy portador, soy de los más afortunados, cualquiera me puede abrazar y besar a tutiplén.

Si no se me ocurre nada más, yo solo os puedo ayudar con mis colores y mi palabras…, a escaparos de vuestros balcones y vuestras casas, aunque solo sea por momentos os puedo hacer sentir libres. El arte libera, os lo puedo asegurar, no dejéis de practicar la creatividad. Y no olvidéis que en cuestión de libertad soy una autoridad, fui tan libre como el cuervo o el águila imperial, encerrado, sin balcón donde respirar, durante un tiempo considerable, con las puertas y las ventanas brindadas…, en el Hospital Psiquiátrico Militar.