La vida de Hombre-Caracola. LXXXVI

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El reloj de la cocina marca las doce y media, aunque eso me importa un carpaccio de acelga. Como bien sabéis, las agujas de mi reloj no obedecen ni por asomo al tiempo, en estos momentos se están comiendo una paella de cangrejo azul en el Delta, saben más que los ratones de biblioteca.

Mientras, la luna sigue girando en armonía alrededor del sol, los planetas y las estrellas continúan cumpliendo su misión…, sin duda alguna la ley del universo funciona a la perfección. Y al mismo tiempo, Otto, el camarero del restaurante chino sigue enamorado de Chinpún, aunque éste no le hace ni caso, a él le hace tilín Chinawa, aunque ella está loca por Chinlú. A veces el amor no es correspondido y eso se sufre en lo más profundo del alma, os lo digo yo, no siempre en mi morada floreció el amor, he sentido en la piel la soledad, el olvido y el desamor. Y al otro lado del charco, María Teresa, una chica argentina que vive con su perrita, sueña desde la cama de su habitación con un mundo mejor, al igual que yo, sufre las injusticias de las leyes de los hombres, bien sabemos que éstas no funcionan a la perfección. Aunque bien sabéis que soy un soñador, confío en la humanidad. Pienso que no me vais a fallar, que en algún momento de vuestras vidas os dará por danzar, cantar, soñar… Por unos días lo hicisteis desde vuestro balcón, ¡os acordáis?, a pesar de las distancias se respiraba convivencia, solidaridad y unión…, incluso la naturaleza sonrió, lástima que luego todo se nos olvidó. Estoy convencido que os cansaréis de odiar, que la gran mayoría desearéis a la hora de brindar, aunque quede cursi, la paz mundial y el amor. Que me perdonen los realistas y los pesimistas, no puedo evitar soñar, sé que no tengo solución.

Sí queridísimas amigas y amigos, necesito sueños, ilusiones y esperanzas, eso me hace luchar, y la lucha me hace sentir vivo, da sentido a mi vida, podéis estar seguro de eso. Y si he de morir, lo haré luchando, ya no tengo ningún miedo, me enfrento con valentía a ellos, entre otras cosas soy chamán guerrero. Y aunque los seres humanos hagan caso omiso de mis consejos y duden de mi magia, igualmente yo velaré por ellos.

Sí, querida humanidad soy muy optimista, a pesar de todos los problemas del mundo y a pesar que a veces se apodera de mí la tristeza, siempre ofrezco mi sonrisa en lugar de mi pena. No sé cómo lo hago, aunque domino el tema, siempre admiré a los payasos, ellos pintan sus lágrimas con rojo y blanco para que no se vean. Busco entre la basura la belleza, convierto en retos mis problemas, creo obras de arte en vez de buscar conflictos o romperme con alguien la cabeza… Amo con locura a la vida, bien lo saben los espíritus, y quiero a la humanidad como el Ebro a la mar o como el cielo a la Tierra…, por eso dedico mi vida a ella. Solo ruego que me dejen vivir en paz, como yo quiera, defenderé con mi vida mi libertad, la esclavitud no la merece nadie, todos deberíamos tenerlo en cuenta. Os prometo que no tengo ninguna maldad, Adolf solo habita en mi mundo onírico, no podría hacer a nadie ningún mal, allí siempre está de borrachera. Aunque he de deciros que tendré que cambiar la formula del brebaje, creo que la pizca de romero hace estragos en mi estómago, ya solucionaré ese problema.

Nunca por nada del mundo os cobraría por mis servicios como chamán, claro, yo solo quiero ayudaros en lo que pueda, no me interesa para nada vuestras carteras. Jamás os exigiré nada, solo faltaría…, estoy en contra de todas las dictaduras, nunca se me ocurriría pediros obediencia…

De verdad, no quiero ser el líder de nadie, no quiero aprovecharme de la sociedad, lo mío no es la política, solo quiero ser vuestro amigo, quiero veros felices, esa es mi recompensa. Porque un pueblo feliz no crea ningún problema, ninguna víctima, ningún miserable grito de guerra.

La vida de Hombre-Caracola. LXXXV

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Vivo entre el suelo y las estrellas. Puedo volar más alto que el cóndor y tocar con las manos el sol que nos ilumina y nos calienta. Sí querida humanidad, a veces logro ser el dueño de la luna y los planetas…, me resulta muy fácil cruzar la estratosfera. Y aunque mi psiquiatra no lo ve así, que cada uno piense lo que quiera. Soy capaz de sobrevolar la Tierra sin azafatas, sin queroseno y sin duty free, aunque para ello he de desprenderme de mi cuerpo y viajar solo con lo que queda. Tengo el lujo de superar todas la barreras y fronteras, a veces soy tan libre que puedo romper todas las cadenas, como si yo fuera el mismísimo Mazinger-Z. Puedo permanecer en las más altas cumbres y tener un ojo en el cielo y otro en la Tierra, desde allí logro veros a todas y a todos, parecéis hormiguitas. Resulta grato alejarse por momentos de la locura de esta vida, para eso hay que estar muy cuerdo, no lo hace cualquiera. A veces soy el ser más feliz del universo, mi condición de ser me permite sentir la euforia que provoca la luz más intensa, aunque mi Doctor piense que estoy desequilibrado y que necesito más Ziprexa.

También puedo ser el gusano que se arrastra por la tierra, el único náufrago en la tormenta, la herida que no se cierra… Estoy preparado para soportar todos los males del planeta, como podéis entender, eso no resulta nada grato, puedes llegar a sufrir más de lo que te pertenece y romperte en mil pedazos, no sale nada a cuenta. Tengo la capacidad de lograr vivir en las profundidades de los océanos, allá donde solo hay sitio para uno, donde reinan entre las lágrimas más negras, las más crueles tristezas. Estoy capacitado para llorar a mares, lo he demostrado demasiadas veces en mi vida.

Como bien sabéis amigas y amigos, mi condición de ser me permite sentir la máxima oscuridad, aunque desde allí puedo alcanzar la luz más intensa, y esa, es la mayor de las recompensas.

Me acepto tal como soy, con mis alegrías y por supuesto con todas mis tristezas. Sí querida humanidad, por muy duro que sea, necesito mis lágrimas aunque me duelan. Ruego que no le contéis nada a mi Doctor cuando me veáis llorar, necesito reír mucho, claro, pero que nadie ni nada se atreva a robarme mis penas. Quiero sentirme vivo y apreciar en mi alma todas las emociones, y la tristeza es una de ellas.

No quiero ser menos que nadie, quiero llorar como todos, deseo que mis lágrimas invadan mis mejillas, necesito escuchar a Chavela o José Luís Perales pero solo las más lentas… Deseo que mis ojos se conviertan en nubes y que no dejen de llover durante un tiempo, necesito ver toda la serie de “Autopista al Cielo”, o la de “La Casa de la Pradera”… Quiero llorar como lo hicisteis todos en el último capítulo de “Verano Azul”, quiero sentir en lo más profundo de mi alma la muerte de Chanquete…, hace tanto que no lloro que se me olvidó mi pena. Necesito ver con urgencia “Bambi” y desahogarme como dios manda, tampoco pido las estrellas.

Sí, querida humanidad, no es nada malo llorar lo que nos corresponde, y si nos ayuda el arte, el cine y la música…, mucho mejor. Lo injusto es, que los verdaderos locos, los que dirigen el mundo y parte de la sociedad que le sigue el juego, nos hacen sacar las lágrimas por sus errores; Las guerras, el hambre, la esclavitud, la insolidaridad, la desigualdad, la violencia… Lloro injustamente viendo como almas inocentes se dejan los dedos y la piel en las vallas de Melilla, o por los inacabables conflictos de los hombres de Oriente Medio y los llantos de sus niños y niñas… Brotan mis lágrimas por ver como un sistema tiene a media sociedad enferma, depresiva, sin amor a la vida, sin esperanzas, sin ni tan siquiera ganas por un futuro mejor…, la consulta de mi Doctor suele estar llena de gente sin ilusión. No es justo llorar por ver como sufre mi querida humanidad y por ver cómo convierten a mi amado planeta, en un gran montón de mierda, con perdón por la expresión.