La vida de Hombre-Caracola. LXXXIX.

El mar y yo gozamos del sol y la plena calma, es una maravilla, se está tan bien… Barcas de pescadores se pierden en el horizonte, se escucha en la lejanía las guitarras de unos jóvenes que hacen vida en la playa, los muchachos alegran el alma, no tocan nada mal… Los cangrejos, las nécoras y las lapas son los dueños de las rocas, y el sonido que provoca el revoloteo de una bandada de pardelas, me despierta y me hace volver a la realidad.
Me desprendo de mi báculo, mi margarita, mi piel, mi odio y mi bondad… Me olvido de la trilogía de Regreso al Futuro, del estribillo de la Macarena y del ridículo flequillo de Trump… Me libero de mi placer y mi dolor, de mis sueños y de mi bolígrafo Bic multicolor… Me deshago de mi sombra, del vecino que siempre ronca, de las pistolas de Clint Eastwood, de las bellotas de Banner y Flappy…, y con mucho agrado, me desprendo por completo de todos los programas de televisión de Sánchez Dragó.
No sé realmente lo que soy ahora, quizás nadie nunca lo sepa, solo sé que siento amor.
Sí, amigas y amigos, marcho de nuevo al universo, y ahora me dirijo hacia él a tropecientos mil millones de kilómetros por hora, es algo inhumano, lo sé, soy un privilegiado. Permitidme ese lujo, vosotros también tenéis los vuestros, sois tan especiales como yo, cada cual con su locura y profesión. Hay tantas vidas como personas y muy pocas, por no decir ninguna, nacen con la misma condición.
La Tierra se pierde de mi vista en un santiamén, Venus y Júpiter me saludan, yo a ellos también, no hay nada como ser amable y cortés. Me basta con un guiño vuestro, un hola, un adiós…, o un, qué te vaya bien, para sentirme humano como vosotros, a veces no es nada fácil ser un nuevo ser.
Las estrellas indican e iluminan mi camino, yo me dejo llevar como barca de náufrago en alta mar, poco más puedo hacer, esa es la verdad. La velocidad aminora progresivamente, me acerco a un planeta desconocido por la inteligencia del hombre moderno. En media hora y tres segundos llego hasta él, aunque hablar del tiempo aquí es absurdo, no tiene ningún sentido razonable, es como querer besarte tu propio codo o hablar con un huevo duro en la boca en portugués. En el cielo hay algo parecido al sol y los mares son como los de la Tierra. En las playas en vez de arena hay caobina, aunque parezca extraño, bien me podéis creer. Es un lugar idóneo para la creación, hay material de sobra y buena luz, los paisajes son alucinantes… Parece que vivo en una novela de ciencia ficción, aunque por mucho que quiera explicarlo todo, es de difícil comprensión, para ello deberíais abandonar entre otras cosas la razón.
Trataré de pintar con caobina a la vida, me refiero, a todo; un país, una persona, una flor, una estación del año, mi taller, los ojos de Mujer-Caracola, las rocas, el viento… Aunque he de deciros que desde aquí todo parece lo mismo, desde un mosquito a una vaca o a una roca, desde Abdul a Manolo… Por eso posiblemente las obras serán parecidas, tendrán más o menos los mismos tonos, una mancha de menos o una mancha de más, poco variamos los que existimos en el mismo meollo. De verdad, desde este planeta apenas logro diferenciar un berberecho de mi vecina María del Mar, ni un calamar de mi amigo Bartolo. Sí, habitantes de la Tierra, apenas puedo distinguir desde este paraje a mi madre de una rosa, a Abascal de un percebe, al Papa de Roma de un boniato, o a Felipe VI de un mono.
Definitivamente, éste es el lugar donde crearé mi nueva serie de pinturas que se llamará, La Vida, ya está decidido. Viajaré a este planeta siempre que tenga la necesidad de crear en estos inhóspitos paisajes. Aunque prefiero vivir en la Tierra, claro, amo sus montañas, sus ríos y sus mares… Y como sabéis, lo que más me ata a nuestro querido planeta es el amor que siento por la Humanidad, por Mujer-Caracola, mi familia y mis amigos… Sin todos vosotros no sería nadie, os llevo en el alma allá donde vaya, en todos los lugares os siento conmigo, sin todos vosotros mi vida no tendría sentido.