“La vida de Hombre-Caracola. XC”.

Hoy estoy triste y no sé porqué. Tengo a mi alrededor muchas personas que me aprecian y me quieren, en nuestra despensa hay para comer…, aunque ya sabéis que no pruebo bocado por mi condición de ser. Y en nuestra habitación hay un buen colchón donde descansar…, incluso tengo luz, agua corriente e Internet… Mujer-Caracola continuamente me abraza y me besa, me da el calor, la ternura y su piel…, y los amigos siempre se dejan ver… Puedo dedicar mi tiempo y mi esfuerzo al arte, aunque creo por pasión, para mí es un gran placer. Sí amigas y amigos, mi vida es lo que de pequeño soñé pero como ya os he dicho, hoy estoy triste y no sé porqué.
No todos los días son domingo y hoy no puedo disfrutar de la luz del sol ni de su amanecer…, no puedo sentir las estrellas en mi ser. Hoy mi vida no tiene sentido, me ha abandonado mi ilusión y mis esperanzas, mi libertad, mis sueños y mi fe…, no siempre se despierta uno como desea, y hoy por lo visto me levanté con mal pie.
Mi Maestro Chamán me dijo con palabras parecidas, que nosotros somos los responsables de las barcas de nuestras vidas pero no sabemos bien cómo navegar. Yo pienso que cuando perdemos el timón poco hay que hacer contras las corrientes del mar, solo dejarse llevar. Cuando hay fuerte tempestad no puedo hacer otra cosa que aceptarla, porque lo haga o no, me mojaré. Bien sé que después de la lluvia y las nubes negras siempre sale el sol, es matemático, lo he comprobado miles de veces, en naufragios soy experto de alto nivel. Y os he de decir que cuanto más temibles son las tormentas, el astro rey calienta con más fuerza, aunque a nadie le gusta perder el norte y que el viento rompa su mástil y su vela, se puede perfectamente comprender.
A pesar de mi tristeza, la vida sin culpa alguna continúa y la luna sigue emitiendo sus influencias a todos por igual, no se libra ni el Quico aunque se envuelva como un bocadillo de chorizo en papel Albal. Saturno sigue siendo como un niño chico, continua moviendo las caderas con su Hula Hoop, y las estrellas fugaces siguen ofreciendo deseos a los que creen en la magia del universo, como yo. Ramón, el conserje de los apartamentos Pitosol de Salou, ensaya en su casa frente al espejo de qué manera le dirá a Manoli, te quiero, es tan tímido…, aunque se muere por abrir la jaula de su corazón. Maribel, la hija pequeña del señor Gil, el más respetable empresario de Vilaseca, sueña con el chalet de su vida. Pronto se casará con Nicolás, a pesar que sus padres no aceptan del todo al chico, poco le gusta trabajar en la empresa familiar y su única pasión es el Punk, es el bajista de Los Cojones de Satanás, no suenan nada mal. Y al mismo tiempo María del Carmen sueña con montar un huerto ecológico, quiere comprar un pequeño terreno en Pradell. Desea huir del caos de la ciudad y de su trabajo, su jefe no le trata nada bien. Y ella no puede soportarlo más, está hasta el gorro de que le mire el escote, de limpiarle la oficina, de ordenar millones de archivos, de atender a los clientes y de hacerle el café… Sé perfectamente que no es nada fácil trabajar en lo que no nos gusta, comprendo la decisión de esa mujer, espero que le vaya bien.
Sí, querida humanidad, la vida continúa a pesar de mi pena, mientras la paso, otros se comen bien a gusto unos calamares con all i oli con vino y casera…, mientras me lamento, otros se zampan unas porras con chocolate y bailan con unos finos de más en la verbena…
Y siempre queremos estar bien, claro, pero bien sabemos que la vida es reír y llorar, lo saben hasta los bebés. No se entiende la risa sin el llanto, nadie se libra de la felicidad ni de la tristeza, ya seas pobre o adinerado, de Oklahoma o Antequera… Algunos sufren más que otros, cómo no, mientras yo paso este mal día desde mi sillón, otros escuchan el zumbido de las balas en la guerra.
La humanidad podría ser más feliz, no entiendo qué narices hacen los líderes de la Tierra, no comprendo porqué permitimos que unos locos de remate dirijan nuestro planeta. Ellos son los que deberían tomar unas gotitas de Haroperidol, ellos son los que necesitan camisa de fuerza.