HOMBRE-CARACOLA EN LA ISLA DEL CORAZÓN MÁGICO. CAPÍTULO I.


HOMBRE-CARACOLA EN LA ISLA DEL CORAZÓN MÁGICO.

Capítulo I

CUANDO MUJER-CARACOLA Y EL NUEVO SER DESCUBRIERON LA ISLA DEL CORAZÓN MÁGICO.

Cuando partimos de Almoster para buscar un nuevo hogar en la naturaleza, no pretendíamos vivir en un palacio, no aspirábamos a tener una piscina, un jacuzzi, una televisión de 65 pulgadas…, no le pedimos a la vida tener tres cuartos de baño… Tampoco son de nuestro interés los trajes caros, los vestidos de marca ni los bolsos de cocodrilo…, ni ningún cuento chino para hallar nuestra felicidad. No seguimos las modas ni somos de presumir. No son de nuestro interés ningún lujo, ni tan siquiera pedíamos tener agua corriente ni electricidad en el hogar. Rechazamos todo lo que era innecesario, así que Mujer-Caracola pudo prescindir de su trabajo, por suerte para ella ya nadie puede mandar sobre su vida. Tan solo deseábamos tener un techo para refugiarnos de las tormentas, vivir rodeados de flores, pinos, encinas…, y tener agua cerca y una huerta propia para abastecernos de fruta y hortalizas…
Lo primero que hicimos fue buscar un lugar en las montañas cerca de un río y construir como pudimos nuestro refugio. Así lo hicimos y conseguimos nuestro deseo.
Encontramos lo que pensamos que era el sitio idóneo para nosotros y buscamos el material necesario para construir. Creamos una cabaña con una estructura de cañas recubierta básicamente de una pasta hecha de paja, arcilla y estiércol de vaca, que era lo que teníamos más a mano. Comíamos lo que nos ofrecía la tierra ganado con nuestro esfuerzo.
Fuimos muy felices hasta que una empresa papelera se instaló en el bosque donde vivíamos, que por lo visto eran los dueños del lugar, y nosotros, sin saberlo, hacíamos vida en su propiedad. Todo tiene dueño. La fábrica se dedica, entre otras cosas, a talar árboles para hacerse de materia prima y de paso contaminar el cielo… El ruido de las máquinas era insoportable, no podíamos hallar nuestra paz. Temíamos por la naturaleza y por lo que nos podría pasar. También instalaron en la parte alta del rio unas bombas que abastecían de agua a una fábrica de la empresa, Krocacola, que elabora refrescos gasificados. Y sin ninguna compasión poco a poco nos iban dejando sin agua, a nosotros y a las pequeñas poblaciones de nuestro alrededor. Estábamos desamparados así que teníamos que buscar una solución.

Mujer-Cararacola y yo hemos paseado mucho por la montaña estos dos últimos años, conocemos perfectamente todos los parajes de alrededor. Nos gusta sobre todo un zona, donde ahora mismo estamos, porque desde aquí se divisa un enorme y precioso lago. Solíamos sentarnos en este bello lugar para ver la puesta de sol. La semana pasada, mi compañera desde aquí vio por primera vez la isla que tenemos ahora justo enfrente. Es de un tamaño considerable y está en el centro del lago. Cuando la vio quedó anonadada, más que nada porque a pesar de haber estado aquí cientos de veces, jamás logró ver más que agua y patos. Cerró los ojos y los volvió a abrir, y la isla como por arte de magia despareció. Así que pensó que tan solo era una ilusión, y que quizás las ganas de encontrar un nuevo hogar le ayudaron a soñar. El caso es que yo también vi la isla pero con mi imaginación, ya que como algunos sabéis, hace años que mi vista me abandonó y no podía hacerlo de otra manera, y al momento de verla se esfumó. Por mucho que la quise ver de nuevo, no apareció.
Al día siguiente regresamos de nuevo al lago muertos de curiosidad. Mujer-caracola volvió a ver la enigmática isla, luego cerró los ojos con miedo a no verla más, y al volverlos a abrir, descubrió con mucho agrado que la isla continuaba allí, imponente y majestuosa, exactamente como la vio el día anterior. Yo la volví a imaginar, y aquel paisaje ya no se borraba de mi imaginación, me pareció que era tan real…
Regresamos a nuestra cabaña y estuvimos reflexionando toda la noche. Sabíamos que no podíamos seguir viviendo mucho tiempo cerca de los que se dedican a la destrucción. La isla nos enamoró y os aseguro que tiene un gran poder de atracción, pero no estábamos del todo seguros si es real o un sueño. Aunque teníamos claro que vivir en ella nos hacía mucha ilusión. Pensamos que no teníamos porqué preocuparnos por adentrarnos en una nueva aventura, y además no habían muchas opciones. Bien sabíamos que no hay nada peor ni más triste que ver en primera fila la deforestación y la contaminación. Así que decidimos ir a conquistar aquellas maravillosas tierras y lanzarnos al vació de la vida, con la esperanza de vivir en un entorno donde hallar la belleza y nuestra paz.
No teníamos nada que perder, y nuestros miedos estaban enterrados en Varsovia, en nuestros corazones reina el amor.

Construimos una balsa con troncos de árboles caídos y cuerdas que hacíamos con tiras de las cortezas todavía verdes de algunos arbustos. Tardamos tres días en finalizar nuestro trabajo, acabamos rendidos pero felices por el resultado. Lo celebramos danzando alrededor del fuego y luego, hice un ritual donde pedí a los espíritus del bosque que nos protegieran en el viaje y nos dieran las fuerzas suficientes para alcanzar nuestro objetivo.

Y aquí estamos, en la orilla del lago, con la isla al frente y con todo preparado para partir. Nuestros gatos, Chancho y Frida están acurrucados en la cesta de mimbre, Mujer-Caracola canta una bella cancion de amor y yo me he preparado para la ocasión. Llevo colgando del cuello un collar de flores de estepa blanca y amuletos de huesos de cuervo con cráneos de gorrión. Hace una noche perfecta, la temperatura es ideal, y parece que no hay nadie alrededor que nos pueda ver.

Ya estamos navegando, la luna nos acompaña y su luz se refleja en el agua creando destellos que parecen estrellitas parpadeantes. Un grupo de percas saltan alrededor de la balsa, como si quisieran jugar o bailar con nosotros. Parece que el cielo nos sonríe, reina la calma en nosotros, todo es tan mágico y tan bello… Nuestra cabaña y la anterior vida se desvanecen al echar la vista atrás, el pasado ya no importa y el futuro es incierto, lo único que tenemos es el presente. Todo momento es importante y saboreamos cada minuto del viaje de nuestros sueños.

Después de remar durante tres horas, por fin hemos llegado a la orilla de la isla. Los dos besamos el suelo y mostramos a la vida todo tipo de agradecimientos. Les guiño y les sonrío a los espíritus porque el viaje ha sido un éxito.
Estamos agotados del cansancio. Con la luz de la luna buscamos un refugio cercano y hemos hallado una pequeña cueva que hay en un acantilado, que nos protegerá provisionalmente de la intemperie. Mañana, una vez comidos y descansados saldremos a investigar. Nuestros huesos, nuestras mentes y nuestras almas no dan hoy para más.

Continuará…

Hombre-Caracola.

HOMBRE-CARACOLA EN LA ISLA DEL CORAZÓN MÁGICO.

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  Hola querida humanidad.
 
  Suelo cumplir con mi palabra pero no siempre me obedezco. Como saben algunas personas, me despedí de la sociedad para siempre y dije que no volvería. Os pido perdón por la mentira. También os comenté que continuaría trabajando para el mundo como chamán desde mi soledad. Y os aseguro que eso sí lo he hecho, aunque de poco ha servido mi esfuerzo, mis rituales, mis sueños… Le imploré al sol que las leyes de los humanos sean más justas. Le pedí miles de veces a los espíritus de los cuatro vientos, que algún día vuelvan a sonreír los mares, los animales, la tierra y el cielo… Le rogué a los planetas que el amor gobierne sobre la ambición, que el bien reine sobre mal en toda la Tierra…
  Estoy preocupado porque veo que el mundo nada ha cambiado en dos años. Entre otras cosas, continúan las guerras y bien sé que se sigue castigando a nuestra madre naturaleza sin ninguna piedad. Por eso ayer por la noche me dirigí a la cumbre de la montaña donde vivimos y le pregunté a las estrellas, entre lágrimas, qué puedo hacer más por mejorar la sociedad. Y ellas me contestaron con el silencio, claro está, aunque me hablaron con su ejemplo. Ellas no tratan de cambiar nada, tan solo se dedican a brillar. Y creo que hacen lo correcto, y ellas nunca me han mentido, así que no me empecinaré con darle la vuelta al mundo, tan solo trataré de brillar. Y si mi luz sirve de ejemplo e ilumina a los que viven en la oscuridad, con eso me bastará.
  Estaré a vuestro lado aunque incumpla con mis palabras del pasado, pero necesito vuestro amor más que nunca, y yo os daré todo mi corazón, eso nadie lo debería dudar.
Me pondré a trabajar en cuanto pueda, he de hacerme con mis armas, que son mis humildes colores, mis pasteles, mis Pierre Noire… Como sabéis, vivimos aislados en las montañas muy lejos de la ciudad, perdonad si tardo un poco en comprar el material porque me tocará ir caminando. Y además, con más de cincuenta abriles, a ciegas y con mis zapatillas de estar por casa…, no puedo alcanzar mucha velocidad.
Siento con más fuerza que nunca el latido de mi corazón, mi libertad y el esperanzador rumor de las olas del mar.
 
¡Os he echado muchísimo de menos!.
 
¡Hasta pronto mi querida humanidad!.
 
Hombre-Caracola.