HOMBRE-CARACOLA EN LA ISLA DEL CORAZÓN MÁGICO. CAPÍTULO V.

HOMBRE-CARACOLA EN LA ISLA DEL CORAZÓN MÁGICO.

Capítulo IV.

LA LIBRETA DEL LOCO DE LAS MONTAÑAS.

Ha nacido un día nuevo, maravilloso e irrepetible como todos. Mujer-Caracola ha paseado por el jardín y ha encontrado bajo una baldosa cubierta de pinaza, una libreta bastante deteriorada con escritos de un tal, Loco de las montañas, con ese nombre al menos están firmados. Por lo que deducimos, él fue el último visitante de la isla que no quiso aceptar las injusticias del hombre y soñó con el corazón por un mundo mejor. Él cuenta que tampoco aceptó el mundo de los sueños y que por negarse a todo acabó viviendo en el universo de la locura. Según él, las palabras de su libreta pueden ayudar a acceder a la realidad. Eso nos alegra, tenemos ganas de dar noticias a nuestros seres queridos.

En uno de los escritos, el Loco de las montañas revela unos acertijos para descubrir el corazón mágico ya que dice que es la única forma de encontrarse con el mundo real y lograr nuestro deseo. Y así nos habla del misterioso corazón el autor:

Por la noche se oscurece.
Nunca esconde su belleza.
De cerca no se deja ver.
Si lo ambicionas desaparece.
La lluvia lo moja.
El sol lo ilumina.
La magia lo protege.
El sueño es su patria.
No tiene dueños ni reyes.
A nadie pertenece.
Si lo buscas lo encuentras.
Si lo descubres lo premia.
Si lo amas lo agradece.

La verdad es que nos va a resultar difícil encontrar el corazón mágico. El Loco de las montañas no lo pone fácil, aunque tratamos de descifrar sus palabras.
Pasamos toda la tarde intentando aclarar algo pero sin ningún éxito.

Se despide el sol, saludan las estrellas, se levanta el viento y nos refugiamos en la casa que por ahora es nuestro acogedor hogar.

HOMBRE-CARACOLA.

HOMBRE-CARACOLA EN LA ISLA DEL CORAZÓN MÁGICO. CAPÍTULO II

HOMBRE-CARACOLA EN LA ISLA DEL CORAZÓN MÁGICO.

Capítulo II

LA CASA DE LA ISLA DEL CORAZÓN MÁGICO.

Nos levantamos con los primeros rayos de sol que invadieron la entrada de la cueva donde hemos dormido. Afuera hace un día soleado, el cielo está despejado y se escucha todo tipo de cantos de pajaritos… Todo parece idílico pero creemos que tenemos un grave problema. Mujer-Caracola le ha echado la vista al horizonte buscando el lugar de donde partimos, pero solo ha podido apreciar el agua del lago, que ahora le parece un océano. Sorprendidos e inquietados, no dejamos de darle vueltas a lo que está pasando pero no encontramos ninguna explicación razonable.

Hemos tardado unas tres horas en alcanzar con apuros una cima de la isla, para tratar de divisar tierra desde más flancos. Pero los valiosos ojos de mi compañera tan solo siguen apreciando agua allá donde miran. Parece como si el mundo hubiera desaparecido a excepción de la misteriosa isla y nosotros.

El cansancio y la noche que acecha nos obliga a buscar un lugar donde refugiarnos. Seguimos un pequeño sendero que bordea la parte más alta de la montaña. Y al cabo de media hora, hemos topado con una casa situada en todo lo alto de la isla en un bosque de encinas y pinos. Según me cuenta Mujer-caracola, parece una casa abandonada. Saltamos de alegría. Hay un trozo de muro en la entrada del recinto y en él hay anclado un corazón de hierro oxidado por el tiempo, que contiene una espiral dibujada con el vaciado del metal. No hay ninguna valla ni puerta que nos impida adentrarnos en aquel bello lugar.
El jardín está cubierto de pinaza y en él hay una mesa de obra donde en el sobre, algún o alguna artista, había creado un bello trencadís. Y en el centro de este hay dibujada una paloma con trozos de azulejos blancos, dedujimos que era la de la paz. La cornisa de la fachada está deteriorada, el resto es de ladrillo visto y cemento. La casa es consistente. El tejado requiere de un buen arreglo y a la mayoría de persianas les hace falta un milagro para que funcionen. La puerta medio rota de la casa está abierta y nadie hay por los alrededores, ni ningún alma nos contesta, así que nos decidimos a entrar en la casa.
Es una edificación de principios de los ochenta, conozco bien los interruptores Simon de esa época, para algo me sirvieron los años que trabajé como electricista en Salou. Aunque la casa no tiene luz ni agua corriente. Tampoco hay muebles, ni tan siquiera una triste silla, aunque comparada con nuestra cabaña esto un palacio. Hay un fuego a tierra que nos vendrá de perlas, ya que aquí hace más frío que en la costa, así que luego iré a buscar leña. En la buhardilla tan solo hay un póster del Guernica que estaba enrollado, tirado en el suelo y lleno de polvo. Es del año 1981 y lo daba La Caixa de Pensions a sus clientes, por entonces se celebraba el cien aniversario del nacimiento de Pablo Picasso. Yo tenía uno igual cuando era niño. Me ha traído tan buenos recuerdos esa imagen… Recuerdo que ese año participé en un concurso infantil del colegio que se hizo para conmemorar al genio. Disfruté mucho creando mi versión del Guernica a lápiz, aunque tenía diez años y no sabía ni tan siquiera lo que significaba las figuras ni de lo que iba el tema tan cruel. Yo me dediqué a copiar al Maestro y a perderme entre las líneas y las formas…, disfrutaba del sonido de mis lápices sobre el papel. Me enamoré de mi dibujo pero más enamorado estaba de mi profesora Maria Dolors Benet, que fue quien me lo pidió cuando acabó el concurso. Así que se lo regalé sin pedir nada a cambio, a pesar de que yo deseaba aquel trabajo con todas mis ganas. Cosas del puro amor de los niños.

Después de disfrutar un buen rato con mis recuerdos, entre el toro y el caballo picassiano, he salido al bosque a coger leña para calentarnos. También he recogido hojas y briznas de hierba con la intención de construir un lecho donde dormir. El sol se está despidiendo y la oscuridad poco a poco se va adueñando de todos y cada uno de los rincones. El viento entra sin ningún permiso por la puerta y las ventanas rotas apoderándose de nuestros huesos. Enciendo la hoguera, nos situamos frente al fuego y nos recomponemos. Damos gracias a la vida por seguir vivos a pesar de nuestros problemas y danzamos hasta acabar rendidos. Nos acomodamos en aquella humilde cama y acariciamos a Chancho y a Frida que estaban algo nerviosos, a tantos cambios no están acostumbrados. Luego nos abrazamos, y al besarnos…, automáticamente nos dormimos como un lirón, los cuerpos no dan para nada más. Y además, si necesitáis emociones fuertes buscadlas en otro cuento, yo me dirijo también a los niños, y no pienso contar mis intimidades, faltaría más.

La luna brilla más que nunca, los astros nos son favorables, nos sentimos protegidos por nuestros antepasados que habitan en nuestros corazones… Y seguimos vivitos y coleando, eso es lo que realmente importa.

HOMBRE-CARACOLA.

HOMBRE-CARACOLA EN LA ISLA DEL CORAZÓN MÁGICO. CAPÍTULO I.


HOMBRE-CARACOLA EN LA ISLA DEL CORAZÓN MÁGICO.

Capítulo I

CUANDO MUJER-CARACOLA Y EL NUEVO SER DESCUBRIERON LA ISLA DEL CORAZÓN MÁGICO.

Cuando partimos de Almoster para buscar un nuevo hogar en la naturaleza, no pretendíamos vivir en un palacio, no aspirábamos a tener una piscina, un jacuzzi, una televisión de 65 pulgadas…, no le pedimos a la vida tener tres cuartos de baño… Tampoco son de nuestro interés los trajes caros, los vestidos de marca ni los bolsos de cocodrilo…, ni ningún cuento chino para hallar nuestra felicidad. No seguimos las modas ni somos de presumir. No son de nuestro interés ningún lujo, ni tan siquiera pedíamos tener agua corriente ni electricidad en el hogar. Rechazamos todo lo que era innecesario, así que Mujer-Caracola pudo prescindir de su trabajo, por suerte para ella ya nadie puede mandar sobre su vida. Tan solo deseábamos tener un techo para refugiarnos de las tormentas, vivir rodeados de flores, pinos, encinas…, y tener agua cerca y una huerta propia para abastecernos de fruta y hortalizas…
Lo primero que hicimos fue buscar un lugar en las montañas cerca de un río y construir como pudimos nuestro refugio. Así lo hicimos y conseguimos nuestro deseo.
Encontramos lo que pensamos que era el sitio idóneo para nosotros y buscamos el material necesario para construir. Creamos una cabaña con una estructura de cañas recubierta básicamente de una pasta hecha de paja, arcilla y estiércol de vaca, que era lo que teníamos más a mano. Comíamos lo que nos ofrecía la tierra ganado con nuestro esfuerzo.
Fuimos muy felices hasta que una empresa papelera se instaló en el bosque donde vivíamos, que por lo visto eran los dueños del lugar, y nosotros, sin saberlo, hacíamos vida en su propiedad. Todo tiene dueño. La fábrica se dedica, entre otras cosas, a talar árboles para hacerse de materia prima y de paso contaminar el cielo… El ruido de las máquinas era insoportable, no podíamos hallar nuestra paz. Temíamos por la naturaleza y por lo que nos podría pasar. También instalaron en la parte alta del rio unas bombas que abastecían de agua a una fábrica de la empresa, Krocacola, que elabora refrescos gasificados. Y sin ninguna compasión poco a poco nos iban dejando sin agua, a nosotros y a las pequeñas poblaciones de nuestro alrededor. Estábamos desamparados así que teníamos que buscar una solución.

Mujer-Cararacola y yo hemos paseado mucho por la montaña estos dos últimos años, conocemos perfectamente todos los parajes de alrededor. Nos gusta sobre todo un zona, donde ahora mismo estamos, porque desde aquí se divisa un enorme y precioso lago. Solíamos sentarnos en este bello lugar para ver la puesta de sol. La semana pasada, mi compañera desde aquí vio por primera vez la isla que tenemos ahora justo enfrente. Es de un tamaño considerable y está en el centro del lago. Cuando la vio quedó anonadada, más que nada porque a pesar de haber estado aquí cientos de veces, jamás logró ver más que agua y patos. Cerró los ojos y los volvió a abrir, y la isla como por arte de magia despareció. Así que pensó que tan solo era una ilusión, y que quizás las ganas de encontrar un nuevo hogar le ayudaron a soñar. El caso es que yo también vi la isla pero con mi imaginación, ya que como algunos sabéis, hace años que mi vista me abandonó y no podía hacerlo de otra manera, y al momento de verla se esfumó. Por mucho que la quise ver de nuevo, no apareció.
Al día siguiente regresamos de nuevo al lago muertos de curiosidad. Mujer-caracola volvió a ver la enigmática isla, luego cerró los ojos con miedo a no verla más, y al volverlos a abrir, descubrió con mucho agrado que la isla continuaba allí, imponente y majestuosa, exactamente como la vio el día anterior. Yo la volví a imaginar, y aquel paisaje ya no se borraba de mi imaginación, me pareció que era tan real…
Regresamos a nuestra cabaña y estuvimos reflexionando toda la noche. Sabíamos que no podíamos seguir viviendo mucho tiempo cerca de los que se dedican a la destrucción. La isla nos enamoró y os aseguro que tiene un gran poder de atracción, pero no estábamos del todo seguros si es real o un sueño. Aunque teníamos claro que vivir en ella nos hacía mucha ilusión. Pensamos que no teníamos porqué preocuparnos por adentrarnos en una nueva aventura, y además no habían muchas opciones. Bien sabíamos que no hay nada peor ni más triste que ver en primera fila la deforestación y la contaminación. Así que decidimos ir a conquistar aquellas maravillosas tierras y lanzarnos al vació de la vida, con la esperanza de vivir en un entorno donde hallar la belleza y nuestra paz.
No teníamos nada que perder, y nuestros miedos estaban enterrados en Varsovia, en nuestros corazones reina el amor.

Construimos una balsa con troncos de árboles caídos y cuerdas que hacíamos con tiras de las cortezas todavía verdes de algunos arbustos. Tardamos tres días en finalizar nuestro trabajo, acabamos rendidos pero felices por el resultado. Lo celebramos danzando alrededor del fuego y luego, hice un ritual donde pedí a los espíritus del bosque que nos protegieran en el viaje y nos dieran las fuerzas suficientes para alcanzar nuestro objetivo.

Y aquí estamos, en la orilla del lago, con la isla al frente y con todo preparado para partir. Nuestros gatos, Chancho y Frida están acurrucados en la cesta de mimbre, Mujer-Caracola canta una bella cancion de amor y yo me he preparado para la ocasión. Llevo colgando del cuello un collar de flores de estepa blanca y amuletos de huesos de cuervo con cráneos de gorrión. Hace una noche perfecta, la temperatura es ideal, y parece que no hay nadie alrededor que nos pueda ver.

Ya estamos navegando, la luna nos acompaña y su luz se refleja en el agua creando destellos que parecen estrellitas parpadeantes. Un grupo de percas saltan alrededor de la balsa, como si quisieran jugar o bailar con nosotros. Parece que el cielo nos sonríe, reina la calma en nosotros, todo es tan mágico y tan bello… Nuestra cabaña y la anterior vida se desvanecen al echar la vista atrás, el pasado ya no importa y el futuro es incierto, lo único que tenemos es el presente. Todo momento es importante y saboreamos cada minuto del viaje de nuestros sueños.

Después de remar durante tres horas, por fin hemos llegado a la orilla de la isla. Los dos besamos el suelo y mostramos a la vida todo tipo de agradecimientos. Les guiño y les sonrío a los espíritus porque el viaje ha sido un éxito.
Estamos agotados del cansancio. Con la luz de la luna buscamos un refugio cercano y hemos hallado una pequeña cueva que hay en un acantilado, que nos protegerá provisionalmente de la intemperie. Mañana, una vez comidos y descansados saldremos a investigar. Nuestros huesos, nuestras mentes y nuestras almas no dan hoy para más.

Continuará…

Hombre-Caracola.

La vida de Hombre-Caracola. LXXX

ja+

El mar está encabronado, las olas se estampan con más fuerza que nunca contra las rocas. Se escuchan las impertinentes bocinas de los petroleros, el revoloteo de cientos de gaviotas y alcatraces que buscan alimento para desayunar…, y los gritos de auxilio de las personas que luchan por su vida en el mar.

No hace falta tener el oído muy fino para sentir los ladridos de odio de Donald Trump, y de todos los que tienen por bandera el racismo o la insolidaridad, creo que lo ha escuchado toda la humanidad, me sabe tan mal… Es lamentable que unos pocos infelices rompan con el bienestar de la sociedad. Pero el odio no se combate con odio, y a mi Adolf lo puedo controlar, hay personas que no pueden hacerlo, no conocen el amor y ni por asomo, la bondad…, en el alma de un racista solo puede aflorar el mal.

Huele a tomillo, romero y a flor de retama…, el sol calienta con dulzura mi cuerpo y alegra mi alma, pero como bien sabéis, estoy condenado a escuchar el sonido del mar, y a veces, no me gusta lo que oigo y la tristeza no la puedo evitar. Por eso siempre estoy en la búsqueda de la luz y la belleza, del amor y la amistad…, ya me conocéis, es mi mejor manera de luchar.

Hace más de dos horas que permanezco en este paraje, Mujer-Caracola me dijo que vendría en seguida pero tarda más de lo normal. Aunque no estoy preocupado, confío en ella, y mientras espero, disfruto de mi vida y la naturaleza…, y me pongo a soñar. Imagino un mundo digno, una humanidad que prefiere caminar a quedarse estancada en el camino de la destrucción, la ambición y la desigualdad… Sueño con el día que el racista, el insolidario y el dictador…, sueñe como yo, faltaría más. Y en mis sueños no puede faltar el arte y la creatividad, e imagino un planeta donde la música brota por cualquier lugar… Parece que ese mundo lo pueda ver y tocar, aunque sé que habita en mi universo, y seguro que en el de muchas y muchos más.

Y sueño porque no acepto la normalidad y la realidad impuesta por un sistema donde solo por tener dinero te llaman Don Tomás.