La vida del hombre-caracola. XXXIV

Emi family.jpg

La familia de Emi, que por supuesto también la considero mía, me ha aceptado con agrado, como nuevo ser. Al principio, mi nuevo aspecto les resultaba extraño, como es lógico pero con el tiempo se han ido acostumbrando al sonido del mar, mi concha, mis cambios de estado…, soy afortunado. Ellos están contentos conmigo porque Emi sigue siendo feliz, todo lo demás no les importa, son tan majos… El trato con ellos, ahora es el mismo que cuando solo era humano, nos seguimos amando y continuamos demostrándolo, compartiendo las alegrías y las penas, los besos y los abrazos, ayudándonos… Sé que la familia no es sinónimo de felicidad, sé que hay muchas de ellas rotas por el odio, el dinero, la envidia, el rencor…pero yo he tenido mucha suerte, tanto por la familia de Emi como por la mía. En las dos, que para mí solo es una, valoramos nuestras virtudes y aceptamos nuestros defectos, nadie es perfecto, todos tenemos caracteres diferentes y cada cual tiene sus más y sus menos. Cometemos fallos y yo el primero, como todos los seres humanos pero tarde o temprano nuestros errores los perdonamos, ese es nuestro secreto. Cuando estoy con los míos, bailan en armonía todos los planetas, desaparecen las tormentas…, hasta el mar más embravecido busca la calma…Al lado de mi gente, las gaviotas vuelan alto, el sol se abre paso entre las nubes y mi horizonte soñado lo siento más cercano. Como ya os he dicho algunas veces, para mí, no hay nada mejor que amar y ser amado.

 

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